La nueva planta cafetalera de Nestlé, ¿transformación de café a precios justos?

Actualizado: 16 de oct de 2019





Una de las preocupaciones más fuertes frente al radical cambio de régimen que proponía López Obrador era la fuga de capitales y la resistencia a la inversión privada; después de todo, pasado el pleito del NAIM, ¿quién iba a tener la confianza de invertir en México, en donde menos del 1% de la población “decidió” sobre el destino de una mega inversión multimillonaria? Es por eso que la reciente firma del convenio entre la firma suiza, Nestlé, y el gobierno de México para la inversión de 154 millones de dólares con el fin de construir una nueva planta cafetalera de Nestlé en el estado de Veracruz fue anunciada con bombo y platillo; se trata, sin duda, de una victoria de la nueva administración y una medalla más que la Cuarta Transformación se puede colgar.


Sin embargo, cuando se toca el tema de la inversión privada y, sobre todo, de las transaccionales, es inevitable caer en controversias, y ésta no es la excepción. Hay varios puntos en contra y opiniones adversas relacionados con la nueva planta de Nestlé; algunas opiniones eran de esperarse y son muy válidas, mientras que las otras dejan mucho para reflexionar. En primer lugar, podemos preguntarnos por qué el gobierno, tan ávido de consultar a la gente cuando se va a realizar un nuevo proyecto, no sometió esta inversión multimillonaria de una trasnacional a consulta. Podría decirse que el pueblo es sabio, pero el gobierno no es nada tonto.


El discurso de Andrés Manuel, desde la toma de protesta, ha sido la de descalificar 30 años de neoliberalismo. Sin darse cuenta de que, aceptar la inversión de una transnacional como Nestlé en un estado que ha sufrido tantas carencias y desfalcos, como Veracruz, es el epítome del neoliberalismo. Esto es acentuado, sobre todo, por el hecho de que el presupuesto para el campo en 2019 fue recortado casi 30% y que los apoyos a los cafetaleros, en esa misma propuesta presupuestaria, se redujo en 50%. Mientras que Nestlé es recibida con alfombra roja y con toda la disposición y el apoyo del gobierno, sobre todo cuando promete 1, 500 empleos, un edificio verde con energía renovable al 100% y una producción de 50 mil toneladas anuales, los cafetaleros de Veracruz tendrán que hacer más con menos recursos. Algo aquí no está cuadrando.


El tema más importante es que los primeros detractores de la nueva planta cafetalera de Nestlé son los mismos productores de café veracruzanos. Lo cierto es que Veracruz, y los pequeños cafetaleros del mundo, ha tenido una historia de terror cuando se trata de la relación que tienen con Nestlé y otras transnacionales, como Starbucks, ya que los cafetaleros levantan constantemente quejas sobre la falta de precios justos de sus producciones y las pésimas condiciones de mercado en las que se dan los tratos con estas empresas. Algunos señalan que, mientras que el mercado paga el kilo de café en $15-16 pesos, estas empresas lo pagan a la mitad; algunos otros señalan que, mientras que Nestlé por la transformación de café cobra $18 pesos por cápsula, y los productores reciben apenas treinta y dos centavos. Por esta razón, cafetaleros de la ruta del café, que va de Coatepec a Zongolica, reclamaron no haber sido consultados y guardan justificadas reservas sobre su futuro con Nestlé. No sólo por la falta de precios justos en los que pagan el café, sino por su preferencia por el cultivo de café robusta, el cual no necesita cultivo a la sombra, lo que fomenta la deforestación en pro de unidades de cultivo más rentables, mientras que ellos guardan una postura más enfocada hacia la conservación y los cultivos orgánicos. Ahora bien, una cosa es que Nestlé tenga derecho a cobrar más por la transformación de café, pues el consumidor final no paga el grano, sino la mezcla o el soluble y la cápsula, y otra es que la brecha entre el productor y el transformador sea abismal. Esto es sobre todo relevante si consideramos el historial negro que Nestlé tiene con cafetaleros del mundo; historias sobre esclavitud menguada, explotación, transgénicos, deforestación, substracción y contaminación desmedidas del agua, por mencionar algunas.


Cabe entonces preguntarnos, ¿es la planta de café de Nestlé en Veracruz una buena inversión o una maldición al pobre y vapuleado estado de Veracruz? Depende de cómo se maneje. Si Nestlé resulta ser el único comprador de los cafetaleros y el gobierno se enfoca en apoyar a la empresa antes que, a los pequeños productores, es casi seguro que será la ruina de la industria en el estado. Falta de precios justos mientras que Nestlé duplica sus exportaciones de café en el país y corona a México como su principal productor cafetalero. Ahora bien, si, además de la inversión de Nestlé damos a los cafetaleros veracruzanos la posibilidad de comercializar sus productos de otra manera y que no dependan de un comprador monopólico, entonces esta planta sería un ente más en un mercado justo y competitivo. Y no sólo para el café, contar con más transformadoras de otros productos en el país es bueno, pueden contribuir a la reducción de mermas que tan sólo en México es de casi el 34% de la producción nacional, los casi 491 mil millones de pesos que hoy se reducen en desperdicios, pueden ser de interés de aquellas transformadoras que le den vida a jugos, pastas, polvos, aceites, deshidratados y otros cuántos que sabemos que son necesarios, pero que hasta el momento no son los suficientes para atender a una estrategia nacional. Trasladar un potencial de transformación y valor agregado para aquellos que no pueden acceder a él y en épocas de precios bajos, buscar ese valor agregado que nos permita como mexicanos dejar de importar café, chocolate, zanahorias baby o garbanzos enchilados y que lo producido en México tome valor, esa sí sería una gran estrategia de presupuesto. Es por esta razón que surge el comercio inteligente para el agro, Smattcom. Ésta, es una plataforma que permite que cualquiera que produzca o comercialice productos del campo lo haga de manera directa y sin intermediarios. Esta app otorga un abanico nuevo de clientes potenciales indicando sus necesidades, las primeras, segundas o terceras calidades de cada producto con lo que ayuda a conectar clientes y vendedores de todas características y tamaños, además de poner nuevos mercados al alcance de cualquier usuario. Así, una transnacional no puede imponer su dominio mientras haya más clientes a quienes vender, no sólo en Veracruz, ya ni siquiera sólo México, sino a una red internacional de usuarios. Cuando el gobierno no da señales claras, depende del mercado autorregularse y buscar alternativas en pro de un comercio más justo con ganancias para el que trabaja la tierra, como resuena el adagio.

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