Combatiendo el desperdicio de alimentos y el hambre en México

Actualizado: 16 de oct de 2019



Uno de los principales problemas a los que se enfrenta no sólo México, sino el mundo entero es el de la alimentación. Cada año, las tendencias de crecimiento poblacional muestran ascensos preocupantes, mientras que las cifras de hambre mundial también van en ascenso. La FAO considera que, hacia 2030, el modelo actual de producción debe cambiar de manera radical, de lo contrario, no se podrá dar abasto a la demanda creciente.


Una de las grandes paradojas que existen en la actualidad es que, mientras hay países con poblaciones sumidas en pobreza extrema y el hambre que esto conlleva, también existe un desperdicio excesivo y hasta ofensivo de alimentos. En el mundo, 45% de las frutas y vegetales cosechadas se convierten en desperdicio; esta cantidad equivale a cerca de 3,700 millones de manzanas. Por otro lado 30% de los cereales producidos en el mundo se desperdician, lo que podría equivaler a 763,000 millones de cajas de pasta. Lo mismo sucede con 263 millones de toneladas de carne producida al año, lo que equivale al 20% del total mundial, alrededor de 75 millones de vacas que son sacrificadas en vano.


México no es la excepción; por ejemplo, en el país hay aproximadamente 44.2% de población que vive en pobreza; 33.7%, equivalente a 36 millones de mexicanos, vive en pobreza moderada, y 10.5%, equivalente a 11.2 millones, vive en pobreza extrema. Por otro lado, se considera que aproximadamente 34% de los alimentos producidos en el país termina siendo desperdicio. Ya sea por cuestiones de instalaciones de almacenamiento incorrectas, por la falta de oportunidades comerciales y de infraestructura para su transformación o por la incidencia de plagas o enfermedades. De cualquier manera, ese 34%, equivalente a 20 millones de toneladas, es suficiente para erradicar el hambre en toda América Latina. Estamos hablando de gente que no es alimentada, de alimento que es desperdiciado y de pérdidas económicas ascendentes a más de 25 mil millones de dólares por año.


¿Cómo lograr entonces que ese desperdicio se convierta en oportunidad de una vida digna y una alimentación sana para la población que más lo necesita? Una de esas maneras es a través de los bancos de alimentos. Estas instituciones sin fines de lucro tienen como objetivo ayudar a garantizar la alimentación de las poblaciones pobres del país y aquellos que no tiene acceso a alimentos, por una razón u otra. Esta labor se logra de manera voluntaria y por medio de donativos por parte de las empresas, productores y de organizaciones aliadas. También se cuenta con el apoyo de los gobiernos, sobre todo en materia de acciones coordinadas con las empresas y de incentivos fiscales para los donantes, pero hay algunos bancos que mantienen su autosostenibilidad por medio del cobro de hasta 10% del valor total del alimento a las familias. Lejos de buscar un beneficio económico, lo que estos bancos de alimentos obtienen con esta cuota de recuperación es libertad operativa y garantía de poder seguir realizando su labor sin complicaciones o falta de recursos.


La FAO considera que, para 2030, países como México jugarán un papel determinante en la garantía de alimentos al resto del mundo, por lo que buscan que el país impulse políticas agroecológicas con el fin de no sólo obtener mayores rendimientos y cadenas de producción más eficientes, sino que esto se haga con el menor impacto ecológico posible. Porque, si bien hay pérdidas económicas y materiales obvias y tangibles en la generación de desperdicio por las razones antes señaladas, también se desperdician los recursos naturales empleados para la producción que terminó en merma. El desgaste de los suelos, el uso de agua, la generación de gases de efecto invernadero y el uso de agroquímicos terminan siendo para nada si el alimento producido termina siendo desperdicios, por lo que este aprovechamiento termina siendo ineficiente y, eventualmente, parte de un modelo fallido.


Ante la falta de canales de comercialización viables para muchos productores, sobre todo para los pequeños y los medianos, que forman cerca de 90% del total en el país, las mermas son un problema cotidiano, aquí es donde entran los bancos de alimentos, pues se convierten en una opción que resuelve varios problemas a la vez, en tanto cumplen una labor social al llevar alimento a quienes no pueden conseguirlo por su cuenta, al tiempo que permite que los productores conviertan lo que, de otra forma, sería desperdicio, en beneficios fiscales y eliminando los costos de deshacerse de productos no comercializables.


Es por eso que considero indispensable la labor de los bancos de alimentos, que en México están agrupados a través de la Asociación Nacional de Bancos de Alimentos, el segundo grupo de esta naturaleza más grande en el mundo, que reúne a cerca de 60 bancos de alimentos en el país. Su labor principal, como organización, es la de representar a los bancos de la red, gestionar donativos y políticas federales, intercambios entre bancos y otros aspectos logísticos y de organización. Además de esto, la asociación realiza estudios socioeconómicos para decidir qué personas serán beneficiarias. Al pensar en desperdicio, los productores ya no tienen que resignarse a asumir las pérdidas y los costos que éstas implican, sino que se cuenta con una oportunidad adicional, para que todos los implicados reciban un beneficio.


Donar alimentos se vuelve no sólo parte de una alternativa para reconvertir las mermas en beneficio, sino que hay un elemento de toma de consciencia intrínseco en todo el proceso. Con su donativo, los productores ayudan a que el alimento llegue a quienes lo necesitan y no puede tener acceso a éste. Y no sólo se trata de la donación de productos cercanos a la merma, sino de donar productos de calidad y en buen estado, apto para el consumo humano. Además de subsistencia, se debe procurar la dignidad de las personas beneficiadas por estos programas, a todas luces, humanitarios. Es por eso que no sólo está abierta la posibilidad para productores pequeños y medianos, sino que se trabaja de la mano de grandes empresas, del tamaño de Kellog’s y Walmart, por mencionar algunas.

Con esto en mente, el trabajo en conjunto entre Smattcom y la Asociación Nacional de Bancos de Alimentos agrupa esfuerzos a favor de una causa común. Una de las principales razones por las que se da el desperdicio en México es por la falta de oportunidades en los canales de comercialización. Si un agricultor sólo puede vender la mitad de su producción debido a las condiciones del mercado o a que no encuentra suficientes clientes en el tiempo correcto, ¿qué pasa con la otra mitad? Además de facilitar el encuentro entre productor, distribuidor y comprador por medio de la plataforma, para hacer más ágil y eficiente el proceso de compra-venta y que más transacciones se completen para evitar el desperdicio, Smattcom también logrará vincular a todos los involucrados en la cadena de abasto con los bancos de alimentos, para convertir esa merma potencial en beneficios para todos los involucrados, lo que cumple con un objetivo económico lo mismo que social.

El desperdicio de alimentos es algo que, para 2019, ya no debería existir y, sin embargo, sigue estando presente en nuestra sociedad. Como parte de una verdadera transformación del campo, Smattcom y la Asociación Nacional de Bancos de Alimentos procuraremos ayudar a que el desperdicio y el hambre sean problemas que se contrarresten entre sí y terminen siendo cosas del pasado. Con esto, podremos alcanzar los objetivos de Hambre Cero de la FAO y ayudar a que se logre la soberanía alimentaria en el país, como lo ha planteado la presente administración.



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