El maíz en México en los tiempos de los precios de garantía

Actualizado: 16 de oct de 2019





Con los precios de garantía como una realidad dentro de las políticas agroalimentarias de la presente administración, el campo mexicano podría enfrentarse a una situación adversa que, quizás, resulte hasta contraintuitiva. Si bien el maíz en México ha sido históricamente el principal alimento, en todas las acepciones de esta aseveración, las decisiones del presidente y sus subordinados podrían llevar a que precisamente el maíz, sea el cultivo que pudiera generar una crisis sin precedentes. Y es que, frente a una medida como los precios de garantía adicionado de varios años de una escasa política agropecuaria, lo que veremos será una producción continuada y desmedida de maíz en México; peor aún, se trata de una producción excesiva de maíz blanco, del cual ya tenemos producción suficiente para suplir la demanda nacional y, aunque se podría pensar en inclinar la balanza de exportaciones agroalimentarias con esto, lo cierto es que no pareciera que existan planes para llevar a cabo este proceso.


Partamos por el principio. La administración actual hizo promesas desde la campaña del actual presidente de pagar el maíz a un precio preferencial desde el gobierno. El problema es que no se ha planteado con claridad el procedimiento ni las exclusiones, además de que el gobierno no cuenta con los centros de acopio necesarios para siquiera plantear una recolección natural del producto. Ante la desinformación, se tienen dos consecuencias: en primer lugar, la sobreproducción y sobreabasto de maíz en México. Ya he mencionado en el pasado cómo una medida de precios de garantía puede afectar el mercado, y la segunda, de la cual no se ha hablado tanto es del desgaste de los suelos que este programa podría traer como consecuencia. El incentivo a un cultivo como el maíz provocará que los agricultores encuentren facilidad y comodidad en producir únicamente maíz, ciclo tras ciclo como en años anteriores. Si el gobierno me está comprando maíz a precios ventajosos, ¿para qué producir algo distinto? Aquí el problema real es que el maíz es una planta muy exigente para el suelo. Pese a ser muy productiva, extrae una gran cantidad de nutrientes del suelo. Esto tiene como resultado una lenta o prácticamente nula reposición de nutrientes. Como señalan Christopher S. Beekman y William W Baden en su artículo “El cultivo del maíz y su impacto regional. Maíz de los suelos en el Corredor de La Venta, Jalisco”, el nitrógeno suele ser el principal factor limitante, pero también hay que considerar el potasio y el fósforo. De hecho, los autores señalan que el cultivo intensivo del maíz, en el que se intenten sembrar más plantas por hectárea o intentar obtener múltiples cosechas cada año pueden tener como resultado un rápido debilitamiento de los suelos.


Las consecuencias de la falta de nitrógeno pueden ser:


· menor peso del rendimiento por hectárea,

· menor peso del rendimiento por planta,

· menos cantidad de granos,

· menor peso de los granos,

· menos mazorcas con granos y

· valor nutricional afectado negativamente.


Esto, claro, provoca un aumento del agua que se utiliza, el fertilizante que se utiliza, la mano de obra que se utiliza y, el rendimiento termina siendo menor. En resumen, gastamos más y ganamos menos, ¿cómo poder ser competitivo con países que producen con el 70% menos de costos? Una forma de darle solución a esto sería una rotación de cultivos planificada de la forma maíz-frijol-calabaza-maíz, o, incluso, soya, para permitir un respiro a los suelos. Si bien los residuos de cosecha funcionan como fertilizante, el castigo constante al suelo a partir de las prácticas de monocultivo hará cada vez menos eficiente la captación de nutrientes. La soya es un producto rentable, con menos impacto en la fertilidad del suelo y tiene un amplio margen en su tiempo para cultivarse, ya que este cultivo como otros de la familia de las fabáceas (Frijol, haba, garbanzo ejote) aportan nitrógeno gracias a que fijan el nitrógeno atmosférico al suelo, sin la necesidad de una fertilización fuerte en ese nutriente; sin embargo, no muchos productores quieren migrar a un cultivo que desconocen.


Por definición, la rotación de cultivos es el nombre que recibe una técnica empleada en la agricultura que implica alternar los tipos de plantas que se cultivan en un mismo lugar con la intención de no favorecer el desarrollo de enfermedades que afectan a una clase específica de cultivos y de evitar el desgaste y degradación de los suelos. Su utilización contribuye a reducir la fatiga de los suelos; es decir, la disminución del rendimiento de nuestro cultivo debido a factores fitopatológicos, nutricionales, de malos manejos o alelopáticos. Por eso, la rotación de cultivos, no sólo resuelve problemas de insectos y plagas, sino también es una solución económicamente viable. De forma general, se recomienda la rotación de cultivo de forma anual o, bien, cada fin de ciclo, para optimizar el rendimiento de la cosecha, la utilización de fertilizantes y el control de plagas y enfermedades. Esta técnica puede darse de la siguiente manera:


1er ciclo: Cereales

Si se pretende iniciar con la rotación de cultivo y se ha trabajado el terreno de forma intensiva por 5 años o más, es recomendable la implantación de cereales como maíz, trigo, avena, sorgo, caña de azúcar etc. Los residuos de este tipo de cultivos proporcionan carbón al suelo, el cual da estructura.


2do ciclo: Leguminosas

Al finalizar el ciclo de los cereales, es recomendable establecer el cultivo de fabáceas (Leguminosas), como frijol, soya, haba, ejote, alfalfa etc.; es decir, plantas que no requieren grandes cantidades de fertilización nitrogenada y que, además, absorben el nitrógeno atmosférico, y que aportan, con sus residuos, cantidades significantes de nitrógeno, el cual estará disponible para el siguiente cultivo.


3er ciclo: Frutos hortícolas

En este ciclo son recordables los cultivos de frutos hortícolas (jitomate, calabaza, pimiento, berenjena, pepino, sandia, melón etc.). Estos cultivos, al estar en un medio nutrido por los cultivos anteriores, mejorarán notablemente su producción y disminuirán la presencia de plagas, como consecuencia de los ciclos anteriores.


4º ciclo: Bulbos, tubérculos, raíces, tallos y cultivos de hoja

En este ciclo se pueden cultivar variedades de bulbo (ajo, cebolla, chayote, etc.), tubérculos (camote, papa,), raíces o tallos subterráneos (Jengibre, zanahoria, rábano y remolacha) o cultivo de hoja (lechuga, col, repollo, espinaca etc).


Practicar la rotación de cultivos ayuda a la productividad de las parcelas durante mucho más tiempo, con un mejor potencial y cuidado de la inversión. Esto sucede ya que, al tratarse de diferentes cultivos, el nivel de absorción de nutrientes es diferente para cada uno. Mientras que los cultivos de hoja o de raíz no requieren grandes cantidades de nitrógeno, éstos no asimilan este nutriente en grandes cantidades, cosa que sí hacen los cereales. De igual forma, cultivos como frijol, garbanzo, haba o, en general cultivos que estén contenidos en una vaina, no requieren de cantidades grandes de nitrógeno; muy al contrario, aportan nitrógeno al suelo el cual será utilizado por los cultivos hortícolas de fruto (calabaza, jitomate etc.). Esto sucede con el resto de nutrientes, como el potasio, fosforo, magnesio hierro etc.


La rotación de cultivos reduce la incidencia de plagas y enfermedades, especialmente del suelo. Cuando se incluye un cultivo no susceptible a una determinada plaga o enfermedad, o se incluye barbecho descubierto, en la rotación se reduce el inóculo presente en el suelo, por carencia de alimento, depredación o deterioro natural. La mayor parte de los patógenos de las plantas son débiles saprófitos y no compiten bien con otros organismos del suelo si la planta que actúa como hospedera no está presente.


Ante esto, ¿cómo pedirles a los agricultores que cambien sus cultivos, si lo único que saben vender es el maíz? Rotar cultivos es también rotar oportunidades, elegir correctamente esquemas de comercialización adecuados y de capacitación de técnicas de producción, de lo contrario por más que en el papel sea la opción más viable, en la efectividad el productor terminaría por descartarla ante las posibles pérdidas.


Ahora bien, además de las consecuencias ecológicas, vienen también las económicas y las políticas. Cuando el presidente promete un precio de garantía, debe cumplir so pena de quedar como mentiroso ante la opinión pública y ante los que votaron por él. Esta situación ya se dio en Sinaloa, en donde los productores se niegan a aceptar el precio de garantía de $5.60 pesos por kilo (un precio, ya de por sí, bastante considerable), ya que la promesa, por error de cálculo, durante la campaña era la de $7.50 pesos por kilogramo, originalmente. En otros casos, las consecuencias se notan en el mercado directamente. Los comercializadores e industrias que necesitan insumos están encontrando dificultades para comprar maíz, debido a que los productores se niegan a venderles por debajo del precio de garantía; después de todo, ¿por qué te voy a vender a ti, empresa, a $3.30, si el gobierno me va a pagar a $5.60 como precio de garantía? Esta situación, por ejemplo, se dio en Chiapas, mientras que, en Jalisco, hay, por primera vez, un almacenamiento de granos de la temporada anterior. Los graneros jaliscienses tienen producto de la cosecha del ciclo 2017-2018, resultado de una baja en la rotación de consumo y esperando la aplicación de precios de garantía en un ánimo meramente especulador.


¿Por qué vamos a sobreproducir maíz blanco cuando tenemos un déficit enorme de maíz amarillo, del cual ya hablamos, al importar casi la totalidad desde los Estados Unidos? ¿Por qué prometer comprar maíz blanco a precios altísimos cuando sabemos que el presupuesto no va a dar para comprar a todos los que quieran cultivarlo y, más aún, sabiendo que más personas van a optar por los productos sobre los que se ofrecen precios de garantía? En vez de que el gobierno piense en comprar tonelada tras tonelada del mismo producto, del que ya de por sí se produce suficiente, ante un problema latente como el que tenemos en puerta, lo que debería hacerse es voltear a ver la industria de la transformación y a fortalecer los esquemas de comercialización nacionales e internacionales. Actualmente, muchas iniciativas están utilizando maíz como combustible alternativo en la forma de etanol, mientras que la industria del forraje y el alimento balanceado para animales necesitan de manera continua de un flujo de maíz amarillo y, aunque parezca poco razonable cambiarlo por blanco, sí existe una opción al momento de procesarlo para alimento de animales. Esto, claro, siempre y cuando existan niveles equivalentes de precios, alrededor de $3.40 por kilo; de lo contrario, simplemente esta opción estaría descartada. Incluso, hay países en los que el maíz está siendo utilizado como materia prima para la elaboración de textiles. Y aquí, en el país construido a base de esta planta, el maíz se está pudriendo en bodegas por la promesa de compra más allá de las capacidades presupuestarias y de recolección. En resumen, por no declarar claramente las limitaciones del proceso, tan sólo por prometer, estamos ante un inventario en exceso para las próximas cosechas de maíz, lo que afectará enormemente la economía. Los productores, por no querer vender a los precios prometidos, se quedan con sus inventarios; los compradores, al no poder adquirir el producto en precios competitivos, se verán en la necesidad de importar, lo cual sólo agravaría el problema. Si no se levanta la mano a tiempo, una bomba de tiempo que no tarda en estallar.


Eventualmente, el gobierno se probará incapaz de seguir manteniendo un sistema artificial con alfileres y no habrá manera en que los pequeños productores vendan, porque se les dio pescado, pero no se les enseñó a pescar. Es por eso que la apuesta debería ser por la libre comercialización de productos de campo por medio de una plataforma directa, justa, moderna y sin intermediarios. Una alternativa clara y efectiva ante la necesidad de rotar cultivos para poder comercializar sin ser experto. Una herramienta que conecte a los productores con compradores, comercializadores y, sobre todo, con la industria de la transformación. Smattcom es la solución necesaria frente a estas problemáticas. La app, gratuita y sin comisiones, permite conectar con múltiples usuarios, para que productos del campo sean comprados y vendidos en tiempo real por medio de subastas diarias. Hoy, más que nunca, sólo el pueblo puede salvar al pueblo.

115 vistas