La nueva Canasta básica, ¿un riesgo para los mercados?

Actualizado: 16 de oct de 2019


Como parte de su estrategia para combatir la desigualdad, la pobreza y el hambre en el país, sobre todo entre la población más vulnerable perteneciente a las comunidades rurales y, sobre todo, al trabajo en el campo, el gobierno federal anuncio la ampliación a la Canasta básica. De los 23 productos que la constituían, ahora, esta lista pasa a tener 40. Dentro de los productos que se añadieron están la carne de res, puerco y pollo, tostadas, pan de caja, pan dulce, huevo fresco, pescado seco, agua purificada, dulces de amaranto y cacahuate, puré de tomate envasado, frutas deshidratadas, flor de Jamaica y tamarindo, concentrados sin azúcar para elaboración de bebidas, gelatina, garbanzos, chícharos, soya, frutas y verduras básicas.

De acuerdo con la información oficial estos productos se venderán a precios preferenciales (subsidiados) en todas las tiendas Liconsa y Diconsa, ahora operadas por Segalmex, y ayudarán a que las personas menos favorecidas tengan acceso a la Canasta básica y, con ello, se haga valer el texto del artículo 4° constitucional, en su apartado sobre la seguridad alimentaria de los individuos. Hasta ahora, todo bien. Aquí el tema empieza a tornar escabroso cuando pensamos en dos asuntos primordiales: 1) el acceso a estos productos y 2) el impacto que el establecimiento de topes artificiales a productos de la Canasta básica puede tener en los mercados. Después de todo, son productos de alta demanda y, algunos, son de demanda perfectamente inflexible. Sí, el salario mínimo también subió, pero también se ha visto un aumento en el precio de algunos productos de la Canasta básica. Si bien es cierto que este aumento se dio, en muchos casos, a razón de situaciones como las heladas y la subsecuente escasez de productos, y no por el desabasto de combustible, como algunos medios mal informaron. También ha habido aumentos que van desde centavos hasta cifras como los 4 o los 6 pesos, en muchos productos.

Ahora, el salario mínimo se fijó en $176.72 pesos por día en zonas fronterizas, mientras que el resto del país sigue manteniendo $102.68. Mucha disparidad que supone un impacto social y económico que tarde o temprano nos cobrará factura. Suponiendo que no haya cambio al respecto, el trabajador del centro y del sur le va a ser atractivo abandonar sus lugares actuales de trabajo por pasar a mejores términos en la frontera. Las empresas que no estén en frontera tendrán que lidiar con esa migración y, si no se quieren quedar sin trabajadores especializados, tendrán que ajustar poco a poco los salarios sin los estímulos fiscales de los fronterizos. Una disparidad tan marcada, es un hándicap difícil de seguir. Con base en estos números, vamos a trabajar. Para analizar éstos dos puntos, podemos analizar directamente los datos duros:

De acuerdo con el análisis del Coneval, un hogar de 4 requiere de 11 mil 941.92 pesos al mes. Si tomamos como base el salario mínimo más alto, el de la zona fronteriza, tenemos que son apenas $5, 181.60 pesos al mes lo que este individuo percibiría. En teoría, la Canasta básica tendría que ser el conjunto de productos que ayudara a la subsistencia del individuo y tendría que poder ser asequible con el salario mínimo, cosa que no está sucediendo.

¿Qué tan duras y claras son las cifras? Los datos duros se vuelven flexibles según como se muestren. Decir que el campo mexicano es la doceava potencia mundial y que las exportaciones por quinto año consecutivo reportan superávit, al final de cuentas, se basa en cifras que mueven sólo 5% de los productores nacionales; la realidad de 95% restante es muy diferente. El comparar la canasta básica con el salario mínimo de los fronterizos, va a ser significativamente diferente a compararlo con los salarios del resto de la república. El comparar la inflación de los próximos meses sobre los productos cuyos precios se van a manipular al ser apoyados con subsidios y operados por Segalmex, desde luego que es manipular la información y las cifras.

Aquí es cuando entra una de las palabras que más espanto genera en los mercados: los subsidios. Para que una persona pueda acceder a la Canasta básica, el gobierno va a tener que ofrecerlos a precios muy por debajo de las medias del mercado. Si tomamos como referencia que se van a vender en las más de 28, 000 locaciones en todo el país de Diconsa y Liconsa, tenemos que ponernos a pensar, de entrada, en cómo surtirán éstas. Algunos dirán: Programa de Precios de Garantía para Granos Básicos y Leche. Claro, es un programa que parece estar diseñado para operar en mancuerna con el de la Canasta básica ampliada, pero, si bien los precios de garantía ya tienen su propio presupuesto considerado, los subsidios a la Canasta básica no figuran en ningún lado. ¿De dónde va a sacar el dinero para subsidiar una política de este tamaño? Ya he hablado en diferentes ocasiones sobre los impactos en los precios de mercado por subsidios y precios de garantía, pero definitivamente claridad en los programas es lo que ha hecho falta, y nadie nos garantiza que lo vendido por Segalmex no vaya a pasar en manos de acaparadores para ser revendidos a precios de mercado o peor aún, para ser revendidos al mismo gobierno a precios de garantía, más altos de lo que se vende a precios subsidiados.

Varios se han manifestado en estos temas, podemos citar, por ejemplo, a la Cámara de la Industria Alimenticia de Jalisco, quienes temen que una medida como el subsidio a los precios de la Canasta básica pueda ser un paso previo al infame control de precios. Es más, de acuerdo con el presidente de la CIAJ, Rubén González, esta medida podría poner en riesgo la industria alimenticia.

Por otro lado, Valeria Moy, directora del observatorio de política pública México ¿Cómo vamos?, resalta que la adición de estos 17 productos al catálogo obligatorio de la Canasta básica podría generar distorsiones en el mercado en productos esenciales, como la carne de puerco, res, pollo, la gelatina y el pan.

Es claro que es necesario garantizar que todo el país pueda alimentarse de manera nutritiva y que tengan acceso a todos los productos de la Canasta básica, pero, de nuevo, el gobierno está actuando con las mejores intenciones, pero ¿serán las mejores ejecuciones? El mercado no es un ente que perdone pifias de esta naturaleza, y un error, como los riesgos que trae éste programa, no se van a resolver con conferencias matutinas. Deseo que México salga de la pobreza, el hambre y que el campo se dignifique, pero, como ya he dicho en reiteradas ocasiones, no se puede gobernar a base de decretos. Este tipo de programas gastan muchos recursos en dar pescado, pero no se enseña a pescar. Peor aún, no hay pescados infinitos para dar y no podemos seguir recortando presupuesto a Secretarías e instituciones (como el INEGI) con tal de tener “cambio” para repartir entre la población. Los programas deben ser estructurados para que sean autosuficientes, para que regresen a través de contribuciones futuras, de lo contrario en los siguientes periodos se va a sufrir más y no va a ver dinero que alcance. Si no se atienden las causas, los asistencialismos serán meramente dinero que se echó a la basura queriendo parchar los malestares de un país entero.

Ante esta situación, lo que queda es recurrir a alternativas para la comercialización de productos agroalimentarios y, sobre todo, a estar siempre bien informado sobre la fluctuación de los precios. Los que nos dedicamos a la agricultura sabemos que los precios pueden ser volátiles, debido a situaciones como las bajas temperaturas, desastres naturales y altas o bajas en los niveles de producción, pero también es cierto que lo es por la especulación. El tema de los subsidios, por ejemplo, posiblemente ya esté dando de qué hablar y podría generar especulación innecesaria, pero, de nuevo, el gobierno debe ser más claro en los programas de apoyo. Frente a la incertidumbre, lo que nos queda es contar con información completa y confiable y explorar nuevas alternativas para una comercialización a precios justos. Por eso, Smattcom es El comercio Inteligente Para El Agro.

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