¿Puede el campo mexicano vivir sin los Estados Unidos?

Actualizado: 18 de oct de 2019




Hoy en día, es una realidad que tenemos una dependencia económica con Estados unidos, y el sector agroalimentario es una de las industrias en las que esta situación es más visible. Anualmente, las exportaciones y las importaciones de productos frescos del campo, así como de insumos agrícolas y los subproductos de los agronegocios suman cifras millonarias para ambas naciones. Mientras que Estados Unidos produce alimentos de exportación en cantidades titánicas, también importa cifras considerables de productos agrícolas provenientes de campos mexicanos.


Pensemos, por ejemplo, en el aguacate, uno de los productos más sonados cuando se trata de exportación agro en México. Junto con el jitomate, los aguacates de México inundan los anaqueles de las tiendas de autoservicio estadounidenses; por su parte, el maíz amarillo sigue siendo un cultivo que México importa de manera alarmante de su vecino del norte. ¿Pero, por qué esto sería algo malo? ¿qué no acaso exportar de manera constante a un país que genera una demanda colosal de alimento es algo bueno para los productores y la economía mexicanos? El tema es mucho más complejo que eso. Si bien es cierto que Estados Unidos compra muchos productos del campo mexicano, también lo es que hay países que lo pagan mejor.


No es lo mismo vender un aguacate o una sandía en Estados unidos que hacerlo en Japón, en donde los precios se pueden multiplicar rápidamente. A decir de este último país, se trata de uno con el que urge reforzar relaciones comerciales. Para muestra, datos duros. De acuerdo con la Secretaría de Economía, las exportaciones de México a Japón en 2005 fueron por un monto de $1,470,012 USD; en ese año, el Acuerdo de Asociación Económica entre México y Japón (AAE) entró en vigor. Esto se vería reflejado de manera positiva en años venideros, pues, para 2017, las exportaciones ascendían a $4,038,517 USD. Por su parte, las importaciones japonesas fueron $13,077,780.1 USD en 2005 y subieron a $18,184,828 USD en 2017. Esto nos deja con un déficit en la balanza comercial de -$14,146,311.3 USD. Al ser Japón una de las principales economías del mundo y tomando en consideración lo limitado de su territorio y de su producción agrícola, es claro que estamos desperdiciando una relación comercial que podría valer millones. Japón cumple 130 años de relaciones diplomáticas con México este año y apenas empezamos a arañar la superficie de lo que la potencia asiática podría ofrecer al sector agro.



Por otro lado, el mercado europeo también está volteando a ver al sector agropecuario en México. Esto podemos notarlo en los resultados del Pabellón México, organizado por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), a través de la coordinación general de Asuntos Internacionales y la Agencia de Servicios a la Comercialización y Desarrollo de Mercados Agropecuarios (ASERCA), durante la feria SIAL, una de los más importantes eventos de la agroindustria en el mundo, llevado a cabo en la capital francesa. 44 empresas mexicanas representaron a los productores y distribuidores agrícolas del país y lograron concretar negocios en países como Australia, Francia, Alemania y Reino Unido. Cabe señalar que Europa está volteando a ver al sector de los alimentos orgánicos o considerados saludables, de los cuales México tiene una producción digna de considerarse.




El problema real radica en que, para llegar a otros mercados, muchas veces es necesario pasar por los Estados Unidos. Los brokers americanos son quienes fungen como intermediarios entre México y el mundo y son quienes, al final del día, terminan siendo beneficiados por el aumento en los precios finales al consumidor. De poder tener las herramientas y la infraestructura adecuadas, los proveedores de productos del campo mexicanos serían capaces de maximizar sus utilidades y de aumentar las exportaciones a otros países ajenos a la hegemonía agroalimentaria de los Estados Unidos. Con esto en mente, es que Smattcom no sólo sirve como ventana de oportunidad para identificar clientes potenciales en 22 países distintos, sino que ofrecemos asesoría especializada y a la medida de cada usuario. Sabemos que los procesos y las normas fitosanitarias son distintas para los diferentes alimentos frescos y congelados, por lo que tratamos con sumo detalle y atención cada caso particular por medio de asesoría legal, financiera, de logística, aranceles, impuestos, tiempos de traslado, empaque y hasta certificaciones. Con la modernización del campo como nuestro objetivo, buscamos asistir en la diversificación comercial y hacer que los productos mexicanos lleguen más lejos y que los beneficios de ese comercio se queden en las manos que los producen.

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