Tomate mexicano en tierras americanas

Actualizado: 16 de oct de 2019




El pasado 21 de marzo, se llevó a cabo una comparecencia frente al Centro de Comercio Internacional con motivo del conflicto persistente que los tomateros estadounidenses tienen con sus homólogos mexicanos a razón de las acusaciones de dumping y el acuerdo de suspensión que ha mantenido una paz relativamente endeble los últimos 20 años.


Mientras que, por un lado, los tomateros estadounidenses argumentan que los productores mexicanos están recibiendo subsidios injustos e ilegales, además de vender por debajo del precio de producción con el fin de sacar del mercado a los productos americanos, los mexicanos argumentan que no se han hecho modificaciones artificiales a los precios y que la merma que la industria tomatera estadounidense ha sufrido se debe a una serie de condiciones externas al mercado que no les permite ser competitivos.


Una situación así permite un análisis más profundo de la situación, para entender realmente qué es lo que está sucediendo. Si bien es cierto que los tomates mexicanos suelen ser más baratos debido a sus menores costos de producción y menores costos operativos, producto de una regulación menos estricta que a la que están sujetos los productos agrícolas estadounidenses, también lo es el hecho de que los tomateros nacionales son más eficientes que sus símiles americanos. Para eso, hay que entender los siguientes puntos clave:


Primero, la temporalidad. Cuando nos referimos a los tomateros estadounidenses, nos estamos refiriendo casi exclusivamente a los productores de Florida. Florida y California son los dos estados americanos con mayor producción de tomates, pero, mientras que los frutos de Florida suelen ser usados para su venta en fresco, los tomates californianos cubren más de 90% de la demanda del producto en su forma enlatada y procesada. Si bien no parecería una distinción importante, en el tema de los tomates, sus usos y la competencia, son dos asuntos completamente distintos. En este sentido, los mexicanos compiten directamente con los tomateros de Florida, quienes, por cierto, son los que impulsaron la propuesta para que EUA se retirara del acuerdo. Una vez entendido esto, debemos aclarar que Florida cuenta con una cualidad única: es de los pocos lugares en la Tierra en el que se pueden producir jitomates en invierno. Al menos ése solía ser el caso. A raíz del cambio climático, Florida ha perdido su ventaja temporal; además, la inversión en infraestructura en la que los productores nacionales se han visto obligados a invertir a razón, irónicamente, de las exigencias para exportar, han permitido que el cultivo de jitomates sea haga casi de manera exclusiva en invernadero, lo que aumenta la disponibilidad del fruto durante el año.


Eso me lleva a un segundo punto importante: invernadero contra temporal. Mientras que los tomateros de Florida mantienen un cultivo a campo abierto, los tomateros nacionales lo hacen casi en su totalidad en invernadero, por lo menos, hablando del producto exportable. Adicional a esto, tenemos el tema del clima y costumbres de maduración, que traen como consecuencia que los tomates mexicanos se cultiven maduros y se vendan lo más frescos posibles en tiendas americanas; por su parte, los jitomates americanos suelen cortarse aún verdes y se maduran con gas etileno. Ésta es, de entrada, una diferencia clave que tiene una afectación real en el precio y en la preferencia de los consumidores. Aunado a esto, los productores de Florida se enfrentan a las inclemencias del clima y al calentamiento global, por lo que huracanes, inundaciones, plagas, problemas de suelo y hasta acceso a agua potable son el enemigo a vencer.


Sí, no podemos negar el hecho de que la mano de obra mexicana sea más barata, incluso diez veces más por el mismo trabajo en el campo, pero tampoco podemos negar que la industria de tomates en Florida pareciera querer buscar un chivo expiatorio para su propio detrimento. Algunos estiman que cerca de 50% de la industria tomatera en Florida se ha perdido en los últimos 20 años, el mismo tiempo que México y Estados Unidos han mantenido una relación comercial abierta, pero lanzar acusaciones basadas en esta correlación aparente sería simplista. De acuerdo con los tomateros de Florida, la industria sufrió una reducción de 34% entre 2002 y 2017, pues pasó de producir 4, 400 millones de toneladas al año a producir sólo 2, 900 millones de toneladas. En contraste, las importaciones de jitomate mexicano han crecido, en el mismo periodo, de 1, 600 millones de toneladas por año a la estratosférica cifra de 3, 600 millones de toneladas anuales, un crecimiento equivalente a 225%.


Ahora bien, de no llegar a un acuerdo, el 7 de mayo, los productores de jitomate mexicanos tendrían que pagar aranceles de 17% sobre el precio de mercado, someterse a un precio base inamovible y, sobre todo, que ese precio se mantuviera en todo proceso de la cadena de abasto una vez pisando suelo estadounidense, algo que es prácticamente imposible de lograr y trazar. Lo peor del caso es que estas medidas no repercutirían principalmente sobre los tomateros mexicanos, sino que el precio lo terminaría pagando, como siempre, el consumidor final. Tal es el caso de la oleada de suposiciones que trajo consigo al inicio el actual acuerdo que estipula las reglas de vender los tomates con un tope mínimo de 8.30 de dólar por caja de 25lb para el mercado americano y que al principio se veía que sería una desventaja para el agricultor mexicano, lo cual fue completamente al contrario, y que esa medida lejos de perjudicar, ha ayudado a que el precio del producto emblemático no se caiga a precios mínimos incluso en épocas de sobreproducción, y así, por cada decisión que se ha querido tomar, los tomateros mexicanos han sabido sacar ventaja de cada negociación.


Mientras que los productores de Florida acusan a los mexicanos por el declive de su industria, los mexicanos señalan que se trata meramente de un caso de ineficiencia comercial, puesto que los granjeros norteamericanos no han sabido volver eficientes sus procesos y reducir sus costos para mantenerse competitivos. Después de todo ¿por qué el mercado tendría que mantener a un jugador que no es eficiente? ¿Por qué los productores eficientes y los consumidores finales tendrían que pagar los platos rotos? Algo que debe ser mencionado es que los analistas especializados creen que los tomateros de Florida están aprovechando el ímpetu del sentimiento antimexicano que la administración Trump ha hecho permear en la población y en las relaciones comerciales norteamericanas. Las pláticas del muro, los aranceles al acero y la renegociación del TLCAN/T-MEC fueron el empuje discursivo suficiente para que Florida buscara empujar los jitomates mexicanos fuera de la competencia y, en el proceso, reabrir una investigación que ha estado 20 años entrando y saliendo al tema.


El Estados Unidos de Trump ha demostrado ser un socio comercial muy incómodo y este tipo de situaciones son prueba inequívoca de que los productores agropecuarios de México necesitan empezar a voltear a ver otros mercados, de cara a una diversificación comercial inminente. Recordemos que más de 80% de los productos agroalimentarios exportados desde México tienen a los Estados Unidos como destino. México le ha otorgado demasiado poder de decisión a EUA. ¿Qué va a pasar con todo el jitomate que se pretende exportar a partir del 7 de mayo? Si no los Estados Unidos, ¿quién va a recibir esa cantidad titánica de jitomate mexicano? ¿Las tiendas y mercados estadounidenses pueden costearse no tener jitomates mexicanos llenando sus anaqueles? Esta pugna pareciera tener un resultado en el que todos pierden, excepto por los productores de Florida, quienes verían, de manera artificial al crear un monopolio de facto, su industria recuperarse. Y es que, según reportan los expertos, los productores de Florida se han adueñado de las cadenas de distribución, con la esperanza de sacar a los jugadores mexicanos del mercado que buscan controlar. Es por eso que invito a los productores de tomate nacionales, y todos los productores agroalimentarios que quieran diversificar sus opciones comerciales, a unirse a Smattcom. Esta plataforma permite la compra y venta de productos del campo a través de Internet en una plataforma que reúne a productores, vendedores y distribuidores de múltiples mercados y zonas comerciales. Encontrar nuevos clientes potenciales es tan fácil como publicar en una red social qué tienes a la venta cada día. En una economía global, se necesitan nuevos métodos de comercialización; por eso, Smattcom es El Comercio Inteligente Para El Agro.



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